Líderes… ¿Eran los de antes?

Zendera - Líderes… ¿Eran los de antes?

Lejos de surgir nuevos perfiles y modalidades, la sociedad global apunta hoy a modelos de liderazgo que parecen nuevas copias de viejas recetas. ¿En qué fallamos?

Todo cambia. Cambia la forma de trabajar, el entorno laboral, la cultura organizacional, la constitución de los equipos y, por supuesto, las tecnologías. Son cambios disruptivos, radicales, vertiginosos. Pero cuando miramos con lupa a quienes lideran muchas de las organizaciones actuales, el reloj parece haber avanzado a otro ritmo. En un contexto que exige adaptabilidad, escucha, empatía, colaboración… el liderazgo no siempre puede seguir el ritmo de las formas.

En nuestras empresas lo vemos todos los días: hijos, sobrinos que llegan con otra mirada, pidiendo más participación y propósito. Mandos medios que esperan autonomía. Un mercado que avanza más rápido que las reuniones de directorio. Y, sin embargo, la respuesta que a veces damos como líderes es la misma de siempre: “yo decido, ustedes ejecutan”.

Entre las promesas y la realidad

En los últimos años se habló de muchos nuevos liderazgos: inteligencia emocional, vulnerabilidad, guiar desde la pregunta y no desde la orden, permitir la exploración y la autorregulación de objetivos. La promesa era clara: entornos más humanos, creativos y diversos; líderes capaces de enfrentar la incertidumbre y marcar el rumbo sin depender solo de su autoridad.

En la práctica, muchos programas de formación siguen priorizando lo mismo: eficiencia, productividad y control. Hay poco espacio para desarrollar habilidades clave en una empresa familiar.

La historia demuestra que el liderazgo no es un molde único, sino una respuesta a su tiempo. Winston Churchill fue un líder visionario e indispensable en los años más oscuros de la Segunda Guerra Mundial; poco después, en tiempos de paz, su estilo resultó incómodo y fuera de época. Charles de Gaulle encarnó algo similar: brillante en momentos de crisis, cuestionado cuando las aguas se calmaron.

Cada contexto —sea de estabilidad o de tormenta— demanda un tipo de liderazgo distinto. Las épocas de crisis ofrecen un sentido de urgencia casi automático: un enemigo claro, una meta inaplazable. Las épocas de paz, en cambio, son las más exigentes, porque sin esa presión externa el líder debe crear el propósito, inspirar la ambición colectiva y desafiar a la organización a salir de su zona de confort.

En situaciones de emergencia lo que más se necesita es alguien que tome decisiones. Solemos idealizar a los líderes del pasado porque cumplían justamente ese rol: decidir cuando era necesario. Ser líder no depende de la forma, sino de asumir la responsabilidad de tomar decisiones. Las personas no buscan ser “gerenciadas” todos los días, buscan ser lideradas.

Hoy, en un mundo interconectado, imprevisible y sin un único adversario visible, en las ciernes de una revolución no tecnológica o del conocimiento o industrial sino visiblemente humana, el reto es mayor: necesitamos líderes capaces de tomar las decisiones, decisiones que habiliten futuro, decisiones de las difíciles, aunque no haya una crisis que las imponga. Líderes que sepan interpretar su época, moldear su rol y construir las condiciones que mantengan viva la energía de transformación. Porque no siempre elegimos las circunstancias, pero siempre podemos elegir el liderazgo que ofrecemos ante ellas.

Por Hernán De la Riva · Socio en Zendera la evolución de Quirós Consultores